Bodega en la Rioja Alavesa

Conoce la Sierra de Cantabria

En el corazón de Rioja Alavesa, la Sierra de Cantabria se alza como una muralla natural que protege nuestros viñedos y define el carácter de cada botella de Lar de Paula. No es solo paisaje: es la aliada silenciosa que regula el clima y guarda el alma del vino que nace en sus laderas.

Gracias a su influencia, las cepas crecen en un entorno único, resguardadas del viento del norte y acariciadas por la brisa templada del sur. Altitud, orientación, suelos calcáreos y luz se combinan para dar vida a uvas llenas de frescura, intensidad y matices irrepetibles.

De esa unión entre naturaleza y cuidado nacen vinos auténticos, creados para quienes buscan calidad y emoción en cada sorbo. Descubre el sabor de un entorno privilegiado que se expresa en cada copa.

Lar de Paula: el entorno de la Rioja Alavesa
Lar de Paula: el entorno de la Rioja Alavesa

Viñedos y entorno: una combinación única

Cada rincón que rodea nuestra bodega —Laguardia, Cripán, Lanciego— forma parte de un mosaico que da identidad a los vinos de Lar de Paula. No se trata solo de cultivar viñedos, sino de escuchar a la tierra, interpretar su lenguaje y respetar sus ritmos naturales.

El entorno no es un decorado, es el verdadero protagonista: la fuerza silenciosa que moldea cada añada y el origen invisible de lo que somos. Gracias a esa complicidad con la naturaleza, nacen vinos auténticos, con personalidad propia y llenos de matices.

En cada botella encontrarás el reflejo de este paisaje vivo, creado para quienes buscan disfrutar de vinos con alma, donde tradición, territorio y pasión se convierten en una experiencia única.

Lar de Paula: bodega en Elvillar

En Elvillar, a 600 metros de altitud, se levanta Lar de Paula, una bodega nacida en un entorno exigente y privilegiado. El suelo calcáreo y duro desafía a cada cepa, pero es precisamente esa dificultad la que imprime carácter y da vida a uvas llenas de intensidad y profundidad.

Las mañanas frescas y las tardes soleadas favorecen una maduración lenta y equilibrada, mientras que la amplitud térmica entre el día y la noche concentra aromas únicos. El valle del Ebro aporta humedad y fertilidad, y la Sierra de Cantabria protege de vientos y lluvias excesivas, creando un microclima perfecto para el viñedo.

Lar de Paula en la Rioja Alavesa